Conclusiones de un estudio piloto sobre el efecto del vino ingerido durante una comida, en la capacidad para conducir vehículos

Vino y conducción

Los alcoholes naturales que entran a formar parte de las bebidas alcohólicas tienen una toxicidad relativa para el ser humano. Esta toxicidad, como ya anunciaba Paracelso hace más de 500 años, está, como en la mayoría de otras substancias, en función de la dosis.

El hombre, nace genéticamente dotado con unas vías metabólicas adecuadas para degradar los alcoholes. El alcohol cuya concentración es mayoritaria en las bebidas alcohólicas de origen natural que se consumen desde tiempos remotos, es el alcohol etílico o etanol (CH3-CH2OH).

El etanol procede de la fermentación de los azúcares de la malta (cerveza), el arroz (sake), el mosto de uva (vino), etc.

Disponemos de una amplísima bibliografía sobre el metabolismo del etanol y de sus patologías, dado el interés que la enfermedad alcohólica ha suscitado en la sociedad por las lamentables consecuencias a que conduce. Problemas sociales, laborales y siniestralidad especialmente, en lo que al tráfico rodado se refiere. Otras consecuencias del alcoholismo crónico se encuentran principalmente en la degradación del tejido hepático provocando alteraciones notables del funcionalismo que a largo plazo degeneran en cirrosis hepática. Pero no sólo el hígado se ve afectado, sino que se han demostrado igualmente, muchas otras patologías de etiología alcohólica que afectan a órganos tan vitales como el cerebro, el corazón o los riñones.

La sociedad actual, en todos los continentes, en mayor o menor intensidad se ve afectada por la enfermedad alcohólica. Las autoridades de todos los países han considerado al etanol como una droga de abuso frente a la que hay que luchar. No obstante, es menester considerar, asimismo, los efectos beneficiosos de un consumo racional y moderado de las bebidas alcohólicas naturales. A este respecto existe también abundante y reciente bibliografía demostrativa de ciertos aspectos positivos.

No podemos pues criminalizar al alcohol y considerarlo el origen de todos los males como a veces irreflexivamente se pretende. En nuestra opinión, el alcohol no es adictivo. El consumo de alcohol en los adictos se debe a trastornos psicosociales previos que, al no ser resueltos, el individuo afectado encuentra en el alcohol el efecto inhibitorio ansiadamente buscado. No es objeto de este estudio entrar en consideraciones acerca de la epidemiología de esta enfermedad, ni de los efectos benéficos del consumo moderado de bebidas alcohólicas, sino intentar profundizar en algunos aspectos concretos del metabolismo en nuestro entorno mediterráneo.

Los elaboradores y comerciantes de vinos, así como, el gremio de restauración ven con acertado temor que las campañas antialcohol llevadas a cabo por las autoridades puedan provocar un descenso notable del consumo, lo que se traduciría a muy corto plazo, en un desastre económico para el sector. De hecho, a fecha de hoy, ya se está notando. La elaboración de vinos en particular es una actividad económica de amplio abasto ya que incluye no solo a los elaboradores o envasadores directos, sino que incluye a una gran parte de la sociedad agrícola, cuyo sustento se centra en el cultivo de la vid. La sociedad agrícola, ya de por sí tradicionalmente denostada y marginada, no dispone en muchas determinadas zonas geográficas, de otros cultivos alternativos en que sustentarse. Alrededor de la producción de vinos hay también un amplio tejido industrial que va desde la maquinaria y útiles agrícolas, a la maquinaria y útiles para la elaboración, el embotellado, la expedición, el transporte, el diseño, envases (sector vidriero) y embalajes, etc. Es por lo tanto una actividad que en conjunto representa un elevado porcentaje del P. I. B. de un país.

Otro aspecto para considerar es que el consumo de vino es un hecho social desde los albores de la humanidad y que forma parte de nuestra cultura y de nuestros hábitos sociales y también gastronómicos. En consecuencia, no parece razonable regresar al prohibicionismo como el que se vivió en Estados Unidos en los años treinta, a un prohibicionismo fanático y sin razón, sino que debemos esforzarnos en educar a la sociedad y en prevenir.

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